plano de la casa de Samsa,

plano de la casa de Gregor Samsa, por Nabokov

jueves, 4 de octubre de 2007

4 de octubre de 1911- Diarios de F.KAFKA



Estoy inquieto y lleno de ponzoña. Ayer, antes de dormirme, tenía en la parte superior izquierda de la cabeza una llamita fría y trémula. sobre mi ojo izquierdo, hay una tensión que ha adquirido ya cierta naturaleza. Al pensarlo, me parece que no podría aguantar más en la oficina, ni aunque me dijeran que iba a ser libre dentro de un mes. Y sin embargo en la oficina cumplo generalmente con mi obligación, me siento bastante tranquilo cuando puedo estar seguro de la satisfacción de mi jefe y no considero que mi situación sea tan terrible. Por otra parte, anoche me insensibilicé intencionadamente, salí de paseo, leí a Dickens, luego me sentí algo mejor y había perdido la energía para la tristeza, una tristeza que consideraba justificada, auqneu también me parecía verla algo más apartada de mí; ello me daba la esperanza de dormir mejor. Efecitvamente, el sueño fue un poco más profundo, pero no suficiente, y menudearon las interrupciones. Para consolarme, me dije que, de hecho, había vuelto a reprimir la gran agitación que hubo en mí; que sin embargo, no quería abandonarme, como me había ocurrido siempre después de semejantes periódos, sino que quería permanecer consciente de los últimos vestigios de aquella agitación, lo que anteriormente nohabía hecho nunca. Tal vez así pudiera hallar en mi interior una firmeza oculta.
Al anochecer, en la oscuridad de mi cuarto, en el canapé. ¿Por qué se tarda algún tiempo en identificar un color, y luego, cuando la comprensión ha dado el giro decisivo, uno queda siempre inmediatamente convencido de esar viendo dicho color? Sí, desde fuera, la luz de la antesala y la de la coina actúan simultáneamente sobre el vidrio de la puerta, inunda la esancia una luz verdosa, o mejor dicho (para no menoscabar la impresión exacta), una luz verdosa que casi llega a la parte inferior de los cristales. Si se apaga la luz de la antesala y sólo se deja la luz de la cocina, entonces el crisal más próximo a la cocina se vuelve azul marino, el otro azul blanquecino, tan blanquecino que se disuelve todo el dibujo en el vidrio opaco (amapolas estilizadas, zarcilos, diversos rectángulos y hojas).
Las luces y sombras proyectadas desde abajo por la luz electrica de la calle y el puente sobre las paredes y el techo son desordenadas, en parte deterioradas, superpuestas y difíciles de distinguir. Precisamente cuando instalaron los faroles de arco voltaico abajo y cuando fue amueblada esta habitación, no hubo ninguna ama de casa que tuviese en cuenta el aspecto que tendría mi habitación a esta hora, desde el canapé, y sin encender la luz.
El resplandor que proyecta sobre el techo el tranvía eléctrico que pasa por abajo se desplaza blanquecino, vaporoso y con mecánicas sacudidas a lo largo de una de las paredes y del techo, quebrándose en el ángulo. -El globo terráqueo se alza frente al primer reflejo, fresco y pleno, de la iluminación callejera, sobre la cómoda, cuya parte superior aparece bañada en una diáfana luz verdosa; el globo tiene un punto brillante en su curva superficie y un aspecto como si el resplandor fuese excesivo para él, aunque la luz se desliza sobre su tersura y lo deja más bien pardusco, como una manzana de cuero. -La luz de la antesala envía un resplandor que ocupa una gran extensión en la pared, pasando por encima de la cama; queda delimitado por la cabecera que forma una línea ondulada, la cual parece, en este momento, oprimir la cama hacia abajo, ensanchar los postes y elevar el techo de la estancia.

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